Las
fotografías de la Perona contribuyen a la reflexión no solo sobre la vivienda,
sino también sobre la misma complejidad de las relaciones entre las distintas
culturas y su encaje en la ciudad, cuya principal materialización es la trama
urbana.
En la Perona, Esteve Lucerón fotografió el territorio,
la vida en la calle, las comidas familiares, las criaturas, las parejas, las
mujeres, los patriarcas y los zangolotinos. Los hombres y las mujeres que
asistían a los talleres del Patronato Municipal de la Vivienda. La escuela de
adultos. Casi todo el trabajo fue realizado con una Canon de paso universal,
mientras que la Mamiya de 6×6 la reservó para algunos retratos.