Kati Horna fue una de las cámaras más relevantes de la Oficina de Información y Propaganda desde su llegada a la entidad en 1937. Sus reportajes, publicados en Mujeres Libres, Tierra y Libertad y, especialmente, en Umbral, se centraron en el retrato íntimo de la vida cotidiana de la población en la retaguardia, lejos del canon fotoperiodístico del conflicto marcado por la espectacularidad del frente. Su particular mirada se fijó también en el paisaje urbano para mostrar los efectos del horror de una forma extrañamente poética.